Campaña Hombres a favor de la Ley contra la Violencia de Género
Artículos, poemas y canciones contra la violencia de género


Día internacional contra la violencia de género
Publicado en El País, 25/11/2003.
Reproducido con autorización del autor,
Antonio Fraguas, Forges

MIREMOS AL VIOLADOR CARA A CARA
(Carta abierta al Ministro del Interior)

Autor: Enric Tello
(Nota editorial publicada en la revista mientras tanto, nº 53, enero-febrero de 1993, Pág. 3-9).

¡Cómo puede un hombre tener tanto poder
que ni siquiera reclama ternura!

Ana Ajmatova, 1913

Ha dicho usted, señor Ministro del Interior, que los violadores y asesinos de las tres niñas de Alcàsser –Antonia, Desirée, Miriam— son unas fieras. Eso era exactamente lo que esperaban los hombres, hermanos, padres y amigos de tantas mujeres y adolescentes que han asistido, entre incómodos y desconcertados, a la punzada sentida por el otro género: el horror y la impotencia de ellas, unidas de repente por la consciencia de saberse potenciales violadas. Mientras la telebasura y la prensa amarilla remataban la faena con su segunda violación morbosa del dolor de los familiares, todos sus congéneres hemos experimentado, señor ministro, una extraña turbación. Por una parte resultaba evidente que una vez adultos el sexo masculino nos une a la condición de los agresores, frente a la violabilidad genérica del sexo femenino. Nuestro sexo masculino, por así decirlo, nos protege a nosotros mismos haciendo improbable que nos veamos en tal situación (salvo que vayamos a parar a la cárcel, o a algún sótano siniestro de comisaría). Eso siempre resulta tranquilizador.

Pero sería inadmisible que la igualación en el destino de violables que comparten las mujeres llevara a nadie a pensar, por una elemental simetría, que los hombres compartimos también la condición de violadores. Eso sí que no. Sus declaraciones han puesto las cosas en su sitio. Todos los hombres no somos iguales. Usted lo ha dicho, señor ministro. Hay fieras inhumanas incapaces de controlar sus bajos instintos, y hombres buenos y rectos dispuestos a emplear la fuerza propia de nuestro sexo para proteger al sexo débil. El padre de familia que sabe hacer respetar a sus hijas, el hermano que crece aprendiendo a saberse indemne de la amenaza que se cierne sobre su hermana, el amigo y el novio que rodean con sus brazos protectores el frágil cuerpo de la amada: todos pudieron reconocer en sus palabras la tarea común. Todos asumimos tácitamente el papel de ángeles de la guarda del ángel del hogar.

Todo estaba claro. El pueblo exigía justicia, la guardia civil actuaba. Los periódicos publicaban en portada los rostros de 1os víoladores, torturadores y asesinos. Su captura y condena cerraría el caso, volvería las cosas a su lugar natural aún dejando una herida abierta en las vidas de unas familias. Pero sucede a veces que cuando más claro está todo le asalta a uno esa extraña desazón, ese rincón instintivo que dice: quizás está demasiado claro. La lógica del instinto teje ilaciones casuales. Leyendo los periódicos sin orden tropecé con las veinte mil violadas bosnias (el porcentaje de torturadas y asesinadas está aún menos claro que la cifra bruta), y recordé nuestra misión en esa lucha que sostiene el género masculino por el desdoblamiento de su identidad entre ángeles de la guarda y demonios. ¿Qué ocurre cuando los ángeles se enrolan en huestes militares contendientes, dejando a miles de mujeres y niñas en tierra de nadie? ¿Quién asume el papel de ángel custodio y quién el de demonio?

Pensé que para evitar una situación tan terrible se debía actuar preventivamente. De pequeños nos enseñaron que los demonios son ángeles caídos. Luego la mutación del alma es posible, el hombre bueno puede mudar en hombre lobo, el doctor Jeckyll anida en el señor Hide. Se me ocurrió que para cumplir con la misión debía estudiar detenidamente a los violadores, conocer sus rasgos distintivos para poder descubrirles antes de que cometan un nuevo crimen. Miré a los violadores a la cara, leí el historial que publicaban los periódicos. Y mi desazón fue en aumento. De cruzarme en su camino, ¿hubiera yo reconocido en la pinta de guaperillas de Miguel Ricart al inequívoco instinto violador? ¿Cómo diferenciarlo de tanto chulo de discoteca que hace alardes agresivos no por mala intención, sólo para demostrar a la chicas la fuerza con que puede defenderlas de otros hombres? ¿Cómo sospechar que ese Enrique Anglés que sonríe implorante junto a la dura faz de su madre pueda haberse re1acionado con un asesino tan atroz como su hermano?

Es verdad que la mirada de Antonio Anglés es fiera. Pero uno se cruza bastante a menudo con esa mirada de fiera acorralada. ¿Qué pistas me pueden conducir a sospechar de antemano que otra mirada así se dispone a secuestrar, violar, torturar y asesinar a inocentes adolescentes? Aquella fiera tenía a toda la familia aterrorizada, había amenazado y torturado a otras mujeres. Todo eso había sucedido detrás de una puerta cerrada, en la impunidad de lo «privado». ¿Cuántas puertas esconden la violencia cotidiana de algún macho contra sus mujeres, sus propias madres, incluso contra otros hombres algo más débiles? La policía encontró en su casa libros de kung-fu, magia negra, tratados para «dominar la mente» y la voluntad de los demás. Esa fiera buscaba asemejarse a la imagen del héroe brutal, con poderes sobre sus congéneres gracias a una fuerza superior. Le bastaba conectar cualquier canal de la misma telebasura que ha clamado por su muerte para empaparse de películas y series de dibujos animados retransmitiendo aquella imagen. Antonio Anglés y Miguel Ricart «se iban a ligar», ha dicho su hermano Enrique, pero no debía irles muy bien porque «últimamente decían que todas las mujeres son unas putas». La fuerza superior de la que se creían dotados no siempre les daba resultado.

Tras ese examen, señor Ministro, no pude evitar la desagradable sensación de encontrarme ante un espejo. Un espejo roto y deformado, sin duda. Pero un espejo que en la faz de los violadores me devolvía fragmentos desquiciados de mi propia masculinidad. La sospecha inicial se confirmaba: limitando el alcance de la culpa a los criminales mismos, y subrayando su condición de fieras; de hombres-lobos, usted no está actuando consecuentemente para prevenir como Ministro del Interior la repetición de casos así. Sólo fomenta la pena de muerte, sólo promueve la impunidad de su policía, que es capaz de dar caza a los criminales pero no de evitar los crímenes. ¿No cree que por lo menos debería decir públicamente que en adelante considerará sospechoso a todo aquél que vuelva a repetir que «todas las mujeres son unas putas»? ¿No es acaso ésta la pista más firme que los asesinos dejaron antes de cometer el crimen?

Eso como poco. Pero incluso me atrevería a sugerirle algo más. Las mujeres bosnias han sido violadas en masa porque quedaron en tierra de nadie. Sus padres, sus hermanos y maridos no estaban cuando entraron esos soldados que antes de ser sus enemigos a veces habían cenado en la misma casa, con toda la familia, como si tal cosa. Puede que mientras tanto sus protectores ausentes estuvieran cometiendo otras violaciones de otras mujeres sin protección. ¿No le parece que la posibilidad misma de violación surge del poder que detentamos los hombres, y de la impotencia en que esa desmesura deja a las mujeres? ¿No se le ha ocurrido nunca la posibilidad de perseguir la violación y los crímenes sexuales ofreciendo a las víctimas potenciales de tales actos medios adecuados para asumir la defensa propia?

Llegados a ese punto pensé en la única alternativa que me quedaría a mí de encontrarme enrolado en una situación corno la de Bosnia-Herzegovina: desertar. Si la experiencia de la violación en masa sirve como gran laboratorio de lo que puede suceder cuando una situación crítica lleva hasta el extremo lo que parece normal en una situación corriente, entonces quizá la mejor contribución que podamos hacer los hombres para evitar nuevas violaciones sea una especie de deserción preventiva. Hay psicopatologías entre los hombres y entre las mujeres. Distintos trastornos psíquicos masculinos acaban dando como resultado la violación de una mujer por un hombre. O de una niña o un niño por un hombre. La violación de un hombre por otro hombre sucede a veces, aunque es menos frecuente. ¿Cuantos casos tiene en sus archivos, señor Ministro, de mujeres psicópatas que hayan violado a un hombre? ¿Y a otras mujeres? ¿Y en qué entornos? Como todo abuso de poder la violación nace de un sometimiento previo, de una relación de poder socialmente legitimada.

Por eso la evidencia de la violación, en tanto que forma extrema de violencia sexual masculina, es una experiencia turbadora también para los hombres. Lo es, porque muestra crudamente cómo la conformación de nuestra sexualidad en el patriarcado está íntimamente ligada a la dominación de las mujeres por los hombres. Normalmente dicho control está mezclado con sentimientos amorosos muy auténticos, y con pasiones eróticas muy fuertes (el mito de drácula, y la moraleja romántica que contiene, tiene bastante que ver con el asunto). Todo eso hace que la dominación sea muy sutil, precisamente cuando mayor es el grado de éxito individual de un hombre en su carrera competitiva con los demás. Pero la violencia subyace siempre en cualquier forma de dominación, y la agresividad irrumpe más abiertamente precisamente cuando menos segura es la propia posición como varón. «El patriarcado dice a los hombres que su necesidad de amor y respeto sólo se puede satisfacer siendo masculinos, poderosos y, en último extremo, violentos», nos recuerdan Bruce Kokopeli y George Lakey en un interesante ensayo titulado Demasiado poder para nosotros: «amar a una mujer es tener poder sobre ella y tratarla con violencia si llega el caso. (...) La violación es el final lógico de la sexualidad masculina». [Bruce Kokopeli y George Lakey son dos homosexuales norteamericanos, pero haga usted un esfuerzo conteniendo la homofobia y el miedo: “Demasiado poder para nosotros” se publicó en castellano en la revista En pie de paz (nº 3, 1986, pp. 10-11, y nº 4, 1987, pp. 8-9), y estoy seguro que puede proporcionar a sus agentes orientaciones muy útiles para perseguir delitos sexuales de todo tipo]. Una vez aceptada interiormente la dominación como destino propio de nuestro ser, la frustración de su ejercicio efectivo implica el miedo masculino a ser dominado. De ese pavor puede nacer lo peor.

Le ruego que considere con atención las posibilidades de una estrategia de lucha contra la violencia sexual fundada en la siguiente hipótesis: la única terapia eficaz contra la violación es que las mujeres tengan más poder. La concentración de la vigilancia en la zona genital situada de vientre para abajo es un gran error metodológico que comparten, por ahora, los jueces y la policía. Para que las mujeres sean respetadas en el bajo vientre hay que empezar por que lo sean también de vientre para arriba, en todo su cuerpo y toda su alma. Usted debería saberlo mejor que nadie: el respeto verdadero surge de la autoridad, no de la protección. Antes que descender al terreno de la genitalidad hay que desarrollar una disuasión efectiva en el terreno simbólico, en la imagen de la mujer en nuestra cultura. Para romper el binomio protección-violación se precisa una autoridad femenina. Y eso significa que los hombres hemos de ser capaces de respetar a las mujeres hasta el punto de aceptar la emergencia de una autoridad femenina, que refleje y propague una imagen públicamente aceptada de su ser como sujetos libres.

¿Me sigue señor ministro? Le estoy hablando en serio de la libertad de la mujer. Conviene que hablemos de eso usted y yo, todos nosotros, porque me temo que el asunto nos atañe muy directamente: para que las mujeres salgan de la impotencia y adquieran poder no veo otra forma de hacerlo que perdiéndolo nosotros. Que lo cedamos o nos los quiten, da lo mismo. El caso es que hemos de perder poder. No sé si se da cuenta que eso supone algo más que panera una mujer en una silla vacía –cherchez la femme—, como se pone un florero en una mesa para que mejore el decorado mientras hace y dice lo que conviene al poder masculino. Tener poder no es sólo ejercer una función pública, significa la capacidad de decidir sobre el cómo y el qué y el para qué de las funciones que se ejercen. Si no es así, la función se convierte en mera representación, en puro teatro. Para Petra Kelly, por ejemplo, se trataba de sustituir el “poder sobre” por «el “poder compartido”, por el “poder hacer cosas”, por el descubrimiento de nuestra fuerza frente al sufrimiento pasivo del poder ejercido por otros, a menudo en nuestro nombre» [Petra Kelly, “¡Feminicemos el poder!”, En Pie de Paz, nº 2, 1992, pp. 40-44.]. A eso llamaba ella feminizar el poder. Si queremos combatir la violación, nos toca pensar a los hombres qué supone para nosotros un cambio de esa naturaleza. Y actuar en consecuencia.

Fíjese qué paradoja. Usted está aprovechando el río revuelto con los crímenes de Alcàsser para quitar poder a los jueces, y dársela la institución penitenciaria y la policía. Créame, desde el punto de vista al que me han conducido mis investigaciones del caso, eso es un error. Lo que deberíamos estar discutiendo no es qué figura debe conceder permisos penitenciarios dentro del actual esquema de poder masculino. Deberíamos estar discutiendo qué papel ocupan las mujeres en nuestra sociedad, y cuál deberían ocupar. El problema es si ese juzgado, esa dirección de prisiones, ese consejo de administración y aquella junta directiva, el escaño del parlamento o la dirección de no sé qué sindicato, lo ocupan actualmente un hombre o una mujer. Y cómo y para quién lo ocupan.

Eso exige de nosotros estar dispuestos a aceptar que existen mujeres capaces de ocupar tales puestos, y de definir a partir de sí mismas su función ¿Y si la mejor contribución que usted pudiera hacer para evitar más violaciones fuera dimitir de su cargo, para que una mujer lo ejerciera con verdadera autoridad femenina? Renunciando unilateramente a ocupar como hombre el Ministerio del Interior estaría moralmente legitimado para exigir que hicieran lo propio esos magistrados que tanto odia. Y todos juntos podrían proponer que el próximo presidente de gobierno también fuera una mujer. También a eso me refería al hablarle de «deserción preventiva» masculina.

Entiendo que al leer estas líneas de entrada se sienta perplejo. Pero píenselo, bien, puede valer la pena. No me refiero sólo a la persecución eficaz de la delincuencia sexual. Estoy pensando en nosotros mismos. Imagínese lo que puede significar: ceder poder para ganar en ternura, en afecto, en intercambio de cuidados, en reposo, en una conversación relajada sobre las cosas de la vida. Perder poder para ganar placer. No me malinterprete. No estoy diciendo que esos sean atributos connaturales del género femenino, ni que nosotros los debamos abrazar «feminizándonos». Eso sería caer otra vez en la mística de la feminidad, creemos en serio la imagen del «ángel del hogar». Yo me refería a valores humanos universalizables, no a ese troquelado de la identidad femenina que el poder masculino ha impuesto a las mujeres, al modo y manera de aquellos vestiditos recortables con los que jugaban de pequeñas nuestras hermanas. ¿Se acuerda? Claro está, tampoco estoy negando que los hombres podamos aprender de las mujeres. ¡Sólo faltaría eso! Pero para que las mujeres puedan enseñarnos algo han de ser libres de verdad, capaces de decidir por sí mismas sobre ellas mismas y sobre el mundo que compartimos.

Al hablar de ternura me refería a todo aquello que perdimos por el camino que nos hizo hombres, y que valía la pena. Quizá estemos aún a tiempo de bucear en nuestro interior, y de volver a pensar desde nosotros la relación con los demás y las demás (y lo demás) recuperando aquellas experiencias que nos fueron vedadas por ser varones. Morder esa fruta prohibida puede resultar muy grato. ¿Y si resulta que a la postre muchos hombres sobrellevamos a disgusto nuestro propio troquel, ese traje de identidad que otros han recortado por nosotros? Podemos rebelamos contra la masculinidad impuesta como destino, redefinirla como construcción autónoma. Podemos establecer con las mujeres una relación amorosa de respeto y conocimiento mutuo, que nos ayude a abrir camino hacia una cultura andrógina.

Hombre, tampoco estoy diciendo que todo eso sea un camino de rosas. Me figuro que aprender nos costará lo suyo. Es lógico. A veces se pondrá tan cuesta arriba como el propio aprendizaje de masculinidad que segó nuestra infancia y nos persiguió hasta aquellas terribles pistas americanas de la mili. Hoy aún sueño con ellas en mis noches de pesadilla. ¿Usted no? Pero estoy casi convencido de que podemos salir ganando con el cambio. Mientras tanto, me permitirá que haga un pequeño ensayo y hurgue hasta el final para que en ningún rincón siga usted siendo el ministro de mi interior. Se despide atentamente,

EnricTello



Voces de mujer

Salvador Gutiérrez Solís

artículo publicado en El Diario de Córdoba

Gorgie Dann está de vacas flacas, apagado para siempre el fuego de la barbacoa, en la rampa más pronunciada del descenso, y sin frenos –pintan canas, aunque camufladas por el Grecian 2000-; afortunadamente para nuestros oídos, los corsarios de la Banda del Capitán Canalla no han salido de puerto –atrapada la nave en la aburrida repetición-; los triunfitos ya forman parte del recuerdo sentimental y televisivo –sólo resiste el descomunal y rubio Bisbal-, pronto los veremos en el museo de los “jóvenes cadáveres”, junto a los chicos de Parchís, Tito y el Piraña, y demás ídolos de temporada; y la sirena de King África parece haberse quedado sin pilas, y apenas suena en alguna Feria con apuros presupuestarios y de programación. Las voces femeninas –las mujeres- son las protagonistas indiscutibles en la banda sonora de este verano de 2004. Mujeres de armas tomar, reivindicativas, rebeldes, liberadas, llenas de ritmo, que se han apropiado del dial de forma clamorosa. Mujeres que se han atrevido a escapar de los estereotipos, de las fronteras más absurdas, para lanzarse a la conquista de los escenarios y de las salas de baile con natural desparpajo, para asombro de muchos, y regocijo de otros tantos. Es tal el triunfo de las mujeres en este verano, que hasta los rumanos Ozone han tenido que dulcificar sus voces –con escandalosos falsetes dignos de los Bee Gees más febriles-, en su aclamado Dragostea, para poder acceder a los mejores puestos de las listas de éxitos.
Pastora ha recuperado antiguas letrillas, que ha tamizado en las entrañas de los sintetizadores y de las cajas de ritmo, hasta ofrecernos esta nueva Lola posmoderna que recorre las calles de Barcelona montando el follón. Una Lola que se mofa de las pretensiones de los hombres, que minimiza a los galanes de las discotecas y que se pierde entre los sonidos de la noche para volverse a encontrar. Pastora, morena y dulce, menea su larga cabellera al son de las luces, y nos enseña que las versiones se pueden adaptar con naturalidad a los tiempos que corren. Mucho más combativa, más guerrillera, menos complaciente con los piropos, se muestra la rubia y pelicorta Bebé. La suya es una canción con un mensaje que muchos deberían escuchar y seguir, un mensaje que no tendríamos que seguir oyendo, pero que es candente actualidad –desgraciadamente-. Con rabia y saña Bebé vapulea musicalmente a los maltratadores, a esa plaga que nos azota y que se ha convertido en un demencial terrorismo doméstico ante el que –nadie, nadie- nos podemos quedar al margen. Es una canción valiente, y mucho más en boca de una mujer, por la identificación que podemos visualizar todos los oyentes. Una canción que aborda el tenebroso tema mejor que cualquier programa del corazón –y sus mercenarios de los sentimientos y de la más esencial moral-.
Córdoba no se ha quedado al margen en esta avalancha de mujeres en las ondas; es más, su aportación ha sido decisiva. Por un lado nos encontramos con la afilada y siempre original Rakel Winchester. Una voz, una imagen, una postura en la escena, que refresca, y mucho, el a menudo cansino panorama musical de nuestro país. Las letras que esboza Rakel son divertidas, cínicas, irónicas, pero con una carga de profundidad que te dejan estupefacto. Rakel se rebela contra el machito de toda la vida, contra la maruja esclava entregada a los caprichos de su marido, y contra las relaciones de pareja planteadas siempre desde la óptica primaria del hombre. Rakel se mueve con soltura en la frontera de los estilos y de las formas, y como una Alaska de la Corredera juguetea bajo los focos con su propia imagen –y con su particular manera de decir las cosas-. Por otro lado, también de Córdoba, insultantemente jóvenes, nos tropezamos con Las Chuches, que ya le han explicado a media España lo que significa ronear. Un verbo muy nuestro que ya forma parte del vocabulario nacional, y que se conjuga al tiempo que se baila, con parsimonia, pero sin descanso. Las tres niñas del Sector Sur miran a las cámaras con los ojos muy abiertos y no se dejan impresionar por las multitudes cuando elevan sus brazos como cisnes flamencos. Últimamente, Las Chuches se dejan acompañar por el bueno de Junior, el Potro de Triana, que no es mala compañía, ni mucho menos. Voces de mujer –éstas y otras muchas-, muy cordobesas en algunos  casos, de diferentes registros, siempre originales y atrevidas, para la banda sonora de este verano de 2004.



El problema de la violencia masculina

Autor: Luis Bonino Mendez
Director del Centro de Estudios de la Condición Masculina

Sabemos que la violencia de género es aquella que, con diversas formas, tiene como principales víctimas a las mujeres de todas las edades. Y sabemos que la prioridad de las acciones preventivo-asistenciales contra dicha violencia debe estar dirigida hacia la protección, la dignificación, el empoderamiento y el logro de autonomía de las mujeres para que puedan vivir en paz, justicia e igualdad.

Esta respuesta a la violencia, en su aplicación, está cosechando poco a poco en el mundo importantes logros que tod@s conocemos. Sin embargo, estas acciones pueden estar generando, sin percibirlo , un efecto secundario indeseado y contrario a sus objetivos. Este efecto consiste en que, al centrarse "en" las mujeres, puede estar confirmando para algunos sectores la idea de que el problema de la violencia es "de" las mujeres.

Y esto -que lo creen la mayoría de los varones y no pocas mujeres- es un obstáculo para la acción que debe ser removido, ya que la violencia no es un problema "de" sino un problema "para' las mujeres, siendo en realidad, y fundamentalmente, un problema "de" la cultura masculina/patriarcal y "de" los varones. Son las normas de esta cultura las que la propician y toleran la violencia, y son generalmente ellos quienes la ejercen de diversos modos y en diferentes ámbitos.

Si acordamos con lo anterior, debemos concluir que, así como no se puede excluir de las estrategias para combatir la violencia el intento de transformación de las normas e instituciones sociales y culturales, tampoco puede excluirse a los varones de dichas estrategias, ya que son quienes producen mayoritariamente el problema en los ámbitos publico y privado. Incluirlos supone no solamente -aunque esto es fundamental para deslegitimar e ilegalizar la violencia- judicializar su actuación, sino también pensar a la violencia masculina como objeto posible de investigación y prevención, y a los varones que ejercen violencia como sujetos posibles de asistencia y reeducación. Incluirlos significa, asimismo, comprometer a todos los varones a romper el silencio cómplice y colaborar activamente en la lucha contra la violencia.

Desde hace algún tiempo, esta postura de inclusión en las estrategias contra la violencia de lo que atañe a los varones, se está llevando adelante en diversos países a través de diferentes acciones que tienen como objetivo general lograr la erradicación de la violencia masculina. Es una idea consensuada, entre quienes -desde la perspectiva de género- desarrollan este trabajo, que para hacerlo se requiere una estrategia articulada y transversal que debe incluir al menos siete actuaciones básicas. Dichas actuaciones implican acciones sociopolíticas generales, y otras con los varones concretos. Ellas son:

· Condenar la violencia de género en todas sus formas, sabiendo que esta violencia es fundamentalmente masculina, y que es un atentado a los derechos humanos de las mujeres que, como tal, debe ser considerado socialmente intolerable.


· Cuestionar la violencia como vía válida para la resolución de conflictos entre las personas. Esta vía, que apela al poder, al control y a la lógica del todo/nada, debe ser transformada en otra que tienda al pacto y al consenso potenciando el poder de las personas y no el poder sobre o contra ellas.

· Cuestionar y luchar por transformar las estructuras de poder y privilegios masculinos/ patríarcales -el sexismo y el machismo fundamentalmente-, donde la violencia está enraizada. Y cuestionar la intocabilidad de lo "doméstico", reducto de poder feudal masculino en un sistema social que valora lo democrático. La cultura masculinas, de la firme creencia en la igualdad y el respeto mutuo con las mujeres. El feminismo y la cultura de la paz son dos de las bases que deben sostener esta actuación, tendiente a procurar el desarrollo de estrategias de convivencia igualitaria entre mujeres y varones, respetuosa y con modos pacíficos de resolución de los conflictos.

· Trabajar para redefinir los formatos y prácticas de la masculinidad tradicional y obligatoria que la cultura propone para los varones. Estas propuestas son la matriz con que la mayoría de los varones construyen su subjetividad y contienen elementos que las transforman en productoras de desigualdad y daño para las mujeres, para otros varones menos poderosos, y son mutiladores del desarrollo emocional y empático masculino. Un aspecto de esta cuestión supone trabajar para poder romper la actual y estrecha asociación entre masculinidad y violencia, y reemplazarla por otra que homologue violencia con delito y masculinidad injusta, cobarde y vergonzosa.

· Comprometer a los varones a romper el silencio corporativo y trabajar junto con las mujeres en la lucha contra la violencia. Y no sólo contra las grandes violencias, sino también contra las múltiples formas de violencia social, sexual y doméstica contra ellas.

· Trabajar en estrategias asistenciales y reeducativas con los varones que cometen violencia, y con aquéllos con riesgo de cometerla o acrecentarla, procurando su detección precoz. Desde la prevención es básico intentar actuar antes y no después de situaciones que luego son muy difíciles de resolver.

· Generar actividades educativas, preventivas y de sensibilización dirigidas a varones niños, jóvenes y adultos que les permitan involucrarse en la transformación de la (y su) violencia masculina y en el desarrollo de comportamientos respetuosos y cuidadosos. La creación de molivaciones para el compromiso con lo doméstico y con la paternidad participativa es un obligado componente en estas actividades.

Teniendo en cuenta estas propuestas de actuación, un grupo de profesionales de las ciencias sociales, de la salud mental y educativas, convencidos de que trabajar contra la violencia de género implica trabajar también para transformar la violencia masculina, nos hemos congregado en España para pensar y trabajar alrededor de este fenómeno masculino. Se trata de un pequeño grupo de varones -al que pertenezco- que nos definimos como profeministas y que con formato de red estamos enlazados a través de Internet y de diversos proyectos, estando a la vez en contacto con grupos europeos y americanos que hace tiempo están trabajando activamente sobre la problemática de la violencia masculina y sus modos de prevención.

Sabiendo la complejidad de problema, y que lo urgente no puede ocultar lo importante, este grupo se ha propuesto -teniendo en cuenta su perfil profesional-, el desarrollo de los siguientes objetivos, aunados bajo el nombre de Proyecto Covima (Contra la Violencia Masculina) y que son homólogos al de otros grupos profeministas que trabajan esta problemática:

· Alentar y fomentar la investigación acerca de las situaciones culturales, sociales, familiares y personales que generan y perpetúan que los varones ejerzan violencia, y de aquellas que desalientan ese ejercicio.

· Promover la comprensión crítica sobre la moderna mitología social sobre el varón violento que minimiza el problema, la identificación de las múltiples formas de violencia masculina, la comprensión de la violencia como proceso continuo y no como acciones aisladas, y el desarrollo del aprendizaje de formas alternativas a la violencia para la resolución de problemas y conflictos entre mujeres y varones.

· Aunar ideas sobre el abordaje psicosocial del problema de la violencia masculina, manteniendo información actualizada sobre las experiencias extranjeras.

· Trabajar para que dentro de los planes de acción contra la violencia doméstica se incluyan estrategias de prevención, detección y abordaje de la violencia masculina dirigidas a subgrupos específicos.

· Promover el desarrollo de estrategias para lograr la sensibilización y el compromiso de los varones para la erradicación de la violencia masculina dirigidas a niños, jóvenes y adultos. La puesta en marcha de campañas tales la Campaña Europea del Lazo Blanco o los Proyectos Mercurio y Varones por la igualdad en España se incluyen es este objetivo.

· Trabajar por la jerarquización de abordajes que ayuden a detectar precozmente a potenciales varones violentos en el hogar, en el trabajo y en la calle, antes y no después de las violencias graves. En este sentido, creemos muy útil trabajar en los dispositivos asistenciales, detectando especialmente a varones en riesgo tales como aquellos en crisis por sentimientos de pérdida de poder (separados o desempleados por ejemplo) con problemáticas psicológicas (depresión, conductas de riesgo y adicciones fundamentalmente). Relacionado con esto último, es un punto importante la evaluación de las conveniencias y posibilidades de la creación de dispositivos específicos preventivo-asistenciales, similares a los centros o teléfonos para "varones en crisis" escandinavos, norteamericanos o canadienses.

· Difundir a profesionales y personas interesadas en general, información sobre los diferentes y escalonados abordajes al problema:

· Estrategias educativas para transformar los estereotipos masculinos violentos en programas transversales, para no silenciar el problema y para descubrir a los chicos y jóvenes con perfiles de riesgo.

· Grupos de intervención psicosocial para varones previolentos, o con manifestaciones iniciales de violencia física o psicológica.

· Estrategias de intervención psicosocial para varones denunciados por maltratos, agresiones y violencias a mujeres y varones.

· Estrategias de intervención con varones encarcelados por violencia.
· Grupos de intervención para hij@s de varones violentos.

· Diseño de actuaciones de estigmatización de la violencia masculina.

· Ofrecer la necesaria formación específica y desde la perspectiva de género a profesionales de las áreas sanitaria y educativa que puedan trabajar con varones violentos, o que puedan detectarlos.

· Difundir las acciones de asociaciones de varones que trabajan contra la violencia.

Nuestro grupo está abierto a que otras personas se sumen a nuestros objetivos, ya que creemos que pueden realizarse muchas actuaciones preventivo-educativo-asistenciales con los varones, con más probabilidad de resultados positivos cuanto más precozmente se trabaje con, para y entre ellos.

Y para concluir, y en consonancia con todo lo anterior, quiero incluir mi propuesta para los varones que leen estas líneas: si creen en la igualdad, la justicia y la paz entre mujeres y varones, participen activamente en la lucha contra la (y su propia) violencia masculina. Salgan del aislamiento, rompan su silencio, convenzan a otros varones, cuestionen sus hábitos machistas, no sean cómplices de las violencias de otros varones, reúnanse para hablar de la masculinidad, apoyen a las mujeres, hablen con los que ejercen (incluido uno mismo) las mil formas de violencias. Es de justicia, y además creo que muchas mujeres lo están esperando.

·Este texto, escrito en Madrid en octubre de 1999 , ha sido leido en: Jornadas sobre "Actuaciones Sociopolíticas Preventivas de la Violencia de Género". Madrid, 29-30 de Octubre de 1999
El club de las mujeres muertas

Victor Manuel

A la que se rebelan, no se callan
las humildes y las mansas;
las que imaginan cosas imposibles,
el derecho a ser felice ;
a las que viven solas, pisoteadas,
la que ya no esperan nada;
a las desamparadas, olvidadas, las que caen y se levantan…

Cuántas vidas humilladas,
cuántas lágrimas calladas.
lo más triste es las tristeza
en el club de las mujeres muertas.

A veces porque miran, porque callan
porque piensan se delatan;
a veces porque cuentan, porque lloran
o porque no entienden nada;
hay quien perdona todo a quien las mata
por un beso, una mirada;
hay quien lo espera todo de quien aman y no pierden la esperanza…

Quemadas, arrastradas por los pelos,
torturadas, devastadas,
violadas legalmente, apuñaladas,
algún juez las mira y pasa.

Dicen que tienen celos y se nublan,
que no saben lo que hicieron
y cuando beben dicen no ser ellos
yo soy yo más este infierno.



SIN TI


(Letra y Música: Rogelio Botanz)

¿Cómo fue?, se me volvió del revés
el cuento al pasar los años.
Me acosté besando a un príncipe ayer
y amanecí junto al sapo.
Aprendí, de mi madre que al vivir
la letra con sangre entra
Y ya lo ves, fui pasando sin saber
de princesa a cenicienta.
PERO NUNCA ES TARDE PARA DESCUBRIR
LA VIDA NO ES UN SUEÑO, YO LA VOY A VIVIR
AHORA AL FIN
YA SIN TI.

Confundí la furia con el ardor
el dolor con el sentir.
Perdoné una y cien veces también
tu furor contra mi piel.
Pero al fin, nuestra hija descubrió
las huellas de tanto horror.
Y me juré, que ella nunca más verá
el rostro de nuestro mal

Y AL FIN LLEGO LA HORA DE DECIR
QUE NO A LA PESADILLA Y EMPEZAR A VIVIR
ABUELA SE EQUIVOCA, NO ES VERDAD,
NO HABRÁ QIEN BIEN TE QUIERE
SI TE HICIERA LLORAR
QUE NUNCA ESTARDE PARA DESCUBRIR
LA VIDA NO ES UN SUEÑO Y YO LA VOY A VIVIR
AHORA AL FIN
YA SIN TI.



MARARIA

(Letra: Pedro Guerra y Rogelio Botanz, basada en la novela Mararía de Rafael Arozarena; Música: Rogelio Botanz)

¿Quién te llevó a vivir sin mirar el sol,
María de Femés y no supo escuchar tu voz?
¿Quién te llevó a perder,
Quién no te supo amar,
Quién violentó tu piel
Quién sin mirar en ti decidió lo que debe ser?
BUSCA BUSCA, MARARÍA
BUSCA BUSCA,
BUSCA BUSCA, MARARÍA,
¡QUE ESTÁ LLEGANDO EL DÍA!

¿Quién dio a tus ojos fuerza de enloquecer,
cuerpo moreno y dulce, naciente donde beber?
¿Quién sólo vio tu piel,
quién no supo mirar,
quién te quiso tener,
quién no te supo amar y negó tu derecho a ser?
BUSCA, BUSCA MARARIA...

Bueno es saberte ángel de dulce voz,
a la sombra de un hombre, como adorando a dios,
y si no fuera así, diablo tienes que ser,
él te perseguirá,
bruja, que nos embrujas, desgracia de tanto mal...

BUSCA BUSCA MARARÍA
BUSCA BUSCA
BUSCA BUSCA, MARARÍA,
¡QUE ESTÁ LLEGANDO EL DÍA!


 
LA REINA DELS BLAUS

 Miquel Pujadó

De molt jove vas somiar,
tot llegint novel.les rosa,
en el teu destí d'esposa,
en l'amor que mai se'n va.
I vingué el teu Príncep Blau,
i se't va endur al seu palau,
un fantàstic entresòl de Cornellà.
 
La grisor molt aviat
va ofegar el conte de fades
-l'esperança, així que bades,
la podreix la realitat.
Decebuda, vas 'nar fent,
trampejant l'avorriment,
p'rò el pitjor encara no havia arribat.

 Amb l'ajuda d'un precari i
trist treball, i del conyac,
i del seu cervell primari,
el teu príncep embriac
t'oferí com a primícia
a partir d'un cert moment
una mena de carícia
potser massa contundent.

Et va demanar perdó
i vas dir que el perdonaves,
oscil.lant com tantes faves
entre l'amor i la por.
P'rò ni un mes no van trigar
les pallisses a tornar.
No recordes ja quina en fou la raó.

Les veïnes van sentir
tirallongues de mentides
que explicaven les ferides
sense denunciar el botxí.
Si tens un ull de vellut,
és només perquè has caigut...
No s'ho creu ningú, p'rò no hi ha res a dir.
 
Vas anar a veure la mare
 per tenir algú amb qui parlar
 i només veure't la cara
 va agafar-te de la mà:
 "Per salvar el teu matrimoni
 -et va dir-, sigues pacient.
 Més val viure amb un dimoni
 que un fracàs davant la gent!"

Ara l'home és a l'atur...
Sempre brama com un ase,
no et permet sortir de casa
i, quan mires el futur,
sols veus cops, sols veus dolor,
només veus una presó
i el teu cap estavellant-se contra un mur.
 
Reps quan torna del carrer
si els cigrons no estan prou tendres,
si la puta del divendres
no la hi ha mamat prou bé.
Reps si goses dir un sol mot,
reps per res i reps per tot,
i de nit et poses bé i l'hi deixes fer.

De vegades, fent bugada,
et sorprens cantussejant
tot plorosa una tonada
de quan eres un infant.
Bessie Smith era la reina
del vell blues i, ara que hi caus,
tu no has tingut gaire feina
per 'ser la reina dels blaus!

 Resignada, ets incapaç
de trobar una altra sortida
que la que ofereix la vida
quan es fon talment el glaç.
Així doncs, fins que la mort
et permeti deixar el port,
sols faràs de sac de boxa i d'escarràs.

Et fa por deixar aquest pis,
et fa por creuar la porta...
Creus que mai seràs prou forta
per mirar de ser feliç.
El món de debò no és lluny:
l'intueixes, p'rò s'esmuny
-de l'Infern estant no es veu bé el Paradís.

Si marxessis, no sabries
on anar i, a més a més,
passarien gaires dies
abans no et localitzés?
La justícia no t'empara.
Altres dones hi han cregut
i potser són lliures ara,
p'rò ficades al taüt!

En el món hi ha moltes naus
amb les veles desinflades,
malvenudes i amarrades
per un tràgic joc de daus.
Sovint miren l'horitzó,
imaginant la cançó
que els farà oblidar algun dia el blues dels blaus.

LA REINA DE LOS MORADOS: De muy joven soñabas / leyendo novelas rosa / en tu destino de esposa, / en el amor que nunca desaparece. / Y llegó tu Príncipe azul / y te llevó a su palacio, / un fantástico entresuelo de Cornellá. / Pronto la mediocridad / ahogó el cuento de hadas. / La esperanza, en cuanto te despistas, / la pudre la realidad. / Decepcionada, fuiste tirando / sorteando el aburrimiento / pero lo peor aún tenía que llegar. / Con la ayuda de un precario y / triste empleo y del coñac / y de su cerebro primario, / tu príncipe borracho  / te ofrecío como primicia / a partir de cierto momento / un tipo de caricia / demasiado contundente. / Te pidió perdón / y le perdonaste, / oscilando como tantas pánfilas / entre el amor y el miedo. / Pero ni un mes tardaron / en volver las palizas: / ni recuerdas ya el porqué. / Las vecinas escucharon / sartas de mentiras / que explicaban las heridas / sin denunciar al verdugo. / Si tienes un ojo a la funerala / es que te has caído... / No se lo cree nadie, pero callan. /  Fuiste a ver a tu madre / para poder hablar con alguien / y sólo con verte la cara / te tomó de la mano: / "Para salvar tu matrimonio / -te dijo- ten paciencia, / más vale vivir con un demonio / que fracasar ante todos." / Ahora tu hombre está en paro, / siempre brama como un asno, / no te deja salir de casa / y cuando miras al futuro / sólo ves golpes y dolor, / sólo ves una prisión / y tu cabeza golpeando contra un muro. / Te pega cuando vuelve de la calle / si los garbanzos están duros, / si la puta del viernes / no se la ha mamado bien. / Te pega si dices una palabra, / por nada y por todo, / y de noche te pones bien y le dejas hacer. / A veces, haciendo la colada, / te sorprendes canturreando / llorosa una melodía / de cuando eras niña. / Bessie Smith era la reina / del viejo blues / y te das cuenta / de lo poco que te ha costado / ser la reina de los morados. / Resignada, eres incapaz / de encontrar otra salida / que la que te ofrece la vida / cuando se funde como el hielo. / Así pues, hasta que la muerte / te permita dejar el puerto, / sólo serás un saco de boxeo y un burro de carga. / Temes dejar este piso, / temes cruzar la puerta. / Crees que nunca serás lo bastante fuerte / para intentar ser feliz. / El mundo real no está lejos, / lo intuyes pero se escurre entre tus dedos: / desde el Infierno no se ve bien el Paraíso. /  Si te fueras, no sabrías / dónde ir y, además, / ¿pasarían muchos días / antes de que te encontrase? / La justicia no te ampara, / otras han creído en ella / y tal vez sean ahora libres, / pero en un ataúd. / En el mundo hay muchas naves / de velas desinfladas, / malvendidas y amarradas / por un trágico juego de dados. / A menudo miran al horizonte / imaginando la canción / que les hará olvidar un día el blues de los morados.