Anónimo 2
¿Quién ha sido?
12 de marzo 2004


Texto publicado en el libro PÁZSALO. MULTITUD EN REBELIÓN

12 de marzo: ¿Quién ha sido?

Inquieta noche, casi toda en vela. Breves intervalos de sueño interrumpidos por un sobresalto. A mi lado, agitada también, la persona que más quiero. Entre nuestros conocidos, nadie ha sido afectado directamente por los brutales atentados. Pero no puedo evitar mirarla y pensar: ¿y si le hubiese pasado a ella? Lloró, silenciosamente, y me abruma imaginar el dolor inmenso que en este mismo momento sufren centenares, miles de personas. ¡Asesinos!
A las siete, hay que levantarse. Tampoco aguantamos más tiempo en la cama. Como siempre, el primer acto es poner la SER. Madrid, capital del dolor. Víctimas y héroes, gente del trabajo matada o herida por buscarse la vida, gente del trabajo que se la jugó para salvar vidas. ¡Asesinos, seáis quienes seáis, en nombre de un dios o de una patria, asesinos! Sin excusas.
Nos separamos con un beso, como es habitual, y con un abrazo, lo que no lo es. Llego al trabajo. Lo primero que hago es avisar de que nos concentraremos en la puerta del edificio, entre 12 h. y 12,15 h., contra el terror y la barbarie. Malditas sean las ganas de ponerse al curre cotidiano, pero hay que hacerlo. También hablamos, claro está. No somos máquinas. El ambiente es, como ayer, de duelo y solidaridad, pero en algunos casos se nota que ha hecho efecto el empecinamiento del Gobierno en hacer de las hipótesis sobre la autoría del atentado motivo de discordia civil. ¿Por qué tanto empeño en qué ha sido ETA y en que tener dudas es de miserables? ¿Por qué ciertas exaltaciones y respuestas bruscas cuando alguien señala que podría haber sido Al Qaeda? En todo caso, el lazo común sigue predominando, y a las 12 h. no falta nadie en la puerta. Contra el terror y la barbarie, con las víctimas. Sean quienes sean sus asesinos. No hay excusas para esta matanza.
Un poco antes, rueda de prensa de Aznar. Doble juego: circunloquios que apuntan inequívocamente a ETA, pero no cita el nombre maldito, aunque casi siete horas después Acebes sigue afirmando que ETA es la principal línea de investigación, contra todos los indicios que se han ido acumulando. A la ONU, a las embajadas, a los corresponsales extranjeros de prensa, se les ha asegurado la autoría de ETA, pero Aznar evita nombrarla. Extraño. Y al día siguiente sabríamos que durante la jornada de hoy Rajoy declaraba en una entrevista que tenía la convicción moral de que había sido ETA. Dudosa moralidad o escasa inteligencia.
Ahora, otro problema. Algunos amigos dicen que no piensan ir a la manifestación convocada para por la tarde. Les indigna que desde La Moncloa se haya fijado todo, hora, sitio, lema, sin dialogar con el resto de las fuerzas políticas y sociales. Tienen razón, es vergonzoso. ¿A qué viene eso de hacer de la manifestación un acto en favor de la Constitución, cómo si republicanos o anarquistas no pudieran condenar el terrorismo sin necesidad de tragar con ruedas de molino? Pues también tienen razón. Y, sin embargo...
No trato de convencer a nadie, ya somos todos mayores. Pero les digo que poco importa quién convoque ni para qué lo haga. Que lo importante es que tenemos que salir de la parálisis en que nos encontramos, romper el estupor, juntarnos por centenares de miles para expresar nuestros sentimientos... Que no nos convoca Aznar, sino las víctimas. Que allí estará casi toda la buena gente de Madrid, sea cual sea su origen, la misma que llenó las calles el 15-F en defensa de la paz. La verdad es que no sé si convencí a alguno.
Termino el trabajo y decido irme andando a casa. Atravieso el barrio Salamanca y lo que veo me inquieta. No me gusta lo que se palpa en el ambiente, los aires marciales con que caminan algunos. Y me asusta un tanto el despliegue de banderas nacionales, dos o tres en cada edificio. Sí, ya sé que la bandera roja y gualda no quiere decir lo mismo para las personas que no vivieron el franquismo. De hecho, más tarde vería a bastantes personas progresistas con una pegata de la bandera y el crespón, alguna con las siglas PSOE escritas en la franja amarilla. Posiblemente a mí me queden prejuicios contra esa bandera, aunque, en realidad, tampoco agitaría nunca la bandera de cualquier otra nación. Pero me inquieta lo que veo. En todo caso, parece que algo hay, cierto sesgo, en la cosa de la banderita, pues según abandono Salamanca y me voy acercando a la zona de Santa Engracia, Cuatro Caminos, Bravo Murillo, Estrecho, crece de forma significativa el número de crespones negros sobre blanco y disminuye radicalmente el número de banderas.
En casa, de nuevo a escuchar la SER y ver la CNN digital. Crece los indicios que apuntan a Al Qaeda u otra variante del terrorismo teocrático que justifica su barbarie y su proyecto de dominación sobre las versiones más extremas del islamismo. Pese a todo, el coro de alabanzas de la corte aznarista sigue empeñada en mantener a toda costa la autoría de ETA. Se nota demasiado que algunos están pensando en las elecciones. Como la autora de un infame mensaje recibido en la asociación No Nos Resignamos, en el que se decía: "Estaréis contentos, quizá alguno de los muertos iba a votar al PP". ¿Es posible que alguien sea tan indigno, tan canalla, como para que en estos momentos pueda estar pensando en de quién serán los muertos? Parece que sí, que es posible. Basura.
Imposible comer. Picoteamos dos cositas y pronto nos lanzamos a la calle, camino de la manifestación, tras haber hecho, a partir del dibujo de Forges y de un crespón, unas pegatinas caseras. Salimos en el metro de Alonso Martínez, abarrotado. Algún personaje asusta. No se me olvida el rostro patibulario de un individuo alto, con chaqueta azul, pantalón gris, corbata roja, pelo engominado, un cartel con la bandera y algo escrito que no recuerdo. Me lo imagino vestido de falangista en los años cuarenta. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que la inmensa mayoría de la gente, sean cuales sean sus ideas y opiniones, comparte nuestros sentimientos. Muchos jóvenes, con similar aspecto al de los que dijeron "No a la guerra". Y aún es muy pronto, falta más de una hora para el comienzo oficial de la manifestación.
Por Colón nos juntamos con algunos amigos. Al poco rato, está todo abarrotado, no hay casi manera de moverse, y encima llueve y los paraguas se abren. Tratamos de salir del cerco y comenzamos a movernos, dirigiéndonos hacia el carril lateral que da al lado del museo de Cera. Vamos viendo el ambiente. Sí, se confirma que hay muchos jóvenes. Una gran cantidad de pancartas, carteles, pegatas, de todo, pero en su inmensa mayoría de producción casera. "Basta ya", "Paz", "Contra el terror y la guerra", "Asesinos", "No más muertes", "Salvemos el planeta para nuestros hijos"... y ya algún "¿Quién ha sido?". El despliegue facha, muy escaso, anecdótico, perdido entre la multitud, y eso que el punto de partida de nuestro desplazamiento es la zona en la que desembocan quienes llegan desde el barrio Salamanca.
En el bulevar, nos encontramos con Teresa y Juanma. Por la calle Génova, desde Alonso Martínez, y por Bárbara de Braganza, bajan miles y miles de personas. Sobre todo jóvenes, especialmente a partir de las siete. Jóvenes en grupo, jóvenes que han pintado sus propios carteles, jóvenes que odian la violencia. Magrebíes, latinos, negros, sin papeles, toda la diversidad de Madrid está allí. No, está manifestación no va a estar dominada por el sectarismo ni cumplirá los deseos de quienes esperaban que en ella se rugiese por la pena de muerte o la cadena perpetua, se quemasen esfinges de Carod o se llamase terrorista a Ibarretxe o al tripartito catalán. Algunos lo intentan, pero no son nada.
Avanzamos. Pasar de Bárbara de Braganza se hace extremadamente difícil. Y decidimos hacer lo mismo que el 15-F del año pasado, irnos por las calles laterales. Tamayo y Baus, Prim, Almirante, Chueca, la misma zona por la que nos manifestamos entonces. Ya no hay dudas. El mismo ambiente, la misma decisión, la misma voluntad que entonces. Y, en gran parte, la misma gente, el mismo aspecto. Olores a porro: ¡buena señal! Esta mani no es de nadie. Somos multitud, individuos que cooperan.
Marqués de Valdeiglesias, por delante de la sede de la Unión de Actores. Por fin llegamos a la Gran Vía, más o menos enfrente del Círculo. ¿Seguir adelante?: no hay manera. Cada cual se manifiesta a su modo y por donde puede. Alguna gente se está yendo ya, otra parece que llega. Los rostros han cambiado, los nuestros también. El dolor y la indignación permanecen. Pero se ha roto la parálisis causada por el estupor y por la angustia, hemos salido del embotamiento. Ya no podemos salvar a las víctimas, y sabemos que el dolor que sentimos es insignificante comparado con el que están experimentando sus familiares, sus amistades, sus seres queridos. La vida sigue. Nos toca ser actores y actrices de una obra no escrita, carente de guión: la obra es el guión, el guión en la obra. Frente a la segura victoria de la muerte no tenemos otra cosa que el efímero destello de la libertad y de nuestra propia creación. La solidaridad de quienes tenemos la derrota final asegurada.
Desde luego, imposible llegar a Atocha. Pero Toñi va colgada de la SER y nos informa. Al parecer, los ocasionales gritos y las aisladas pancartas de "¿Quién ha sido?" se han convertido en clamor. Dicen que la cabecera oficial de la manifestación avanza perseguida por esa pregunta, tanto más intensa cuanto más se aproximan a Atocha. Nervios. Disolución apresurada antes de llegar a su destino, los próceres son sacados de la manifestación por los guardaespaldas y servicios de seguridad, pese a que ningún gesto de violencia se había hecho. Y en Barcelona el PP ha decidido abandonar la pancarta unitaria al no conseguir que los demás se atengan a sus caprichos. ¡Qué victoria de la gente común, unida en sentimientos comunes! ¡Qué derrota de quienes trataron de auparse sobre la tragedia para criminalizarnos a todos y asegurarse una victoria electoral!
Aznar, cometiste dos errores. El primero fue pensar que podrías engañarnos. Pero esta vez la manipulación informativa no valía para nada, ya que lo que os desenmascaraba no era la crítica sino vuestra propia presencia. Cada vez que aparecía Acebes, más en el fango os hundíais. El segundo gran error fue crear la ocasión para que saliésemos a la calle. Tú podías convocarnos de la peor manera, pero íbamos a salir a nuestro aire. No podía esperarse otra cosa de quienes protagonizaron un rechazo tan rotundo a la guerra, a tu guerra. Ahí estábamos. Contra el terror, contra la guerra. De nuevo en movimiento. Y ya nada nos parará. Te equivocaste, listillo.
Por primera vez en dos largos días, tenemos hambre. Además, no nos apetece volver a casa aún, queremos prolongar estos momentos de comunidad, compartir lo que hemos vivido. Bajamos paseando por Gran Vía y Princesa hasta Marco, el pequeño restaurante italiano que tanto nos gusta en la calle Gaztambide, instalado en el local de un antiguo bar un tanto cutre que frecuenté mucho durante la primera mitad de los setenta. Poco a poco se va llenando. Por los retazos de conversación que vamos oyendo y por los rostros que vemos, creemos que una gran parte de quienes allí estamos venimos del mismo sitio y experimentamos sensaciones muy parecidas.
Desde que nos llegaron las primeras noticias de la brutal masacre del 11 de marzo, apenas habíamos pensado en las elecciones del domingo. Ahora, resurgen en nuestra charla, pues una ciudadanía protagonista en la calle no puede desentenderse de lo que vayan a hacer en su nombre. Podemos ganarlas. No un partido, sino nosotras, nosotros, la gente. En la atmósfera se respira que la juventud va a votar masivamente y que va a votar contra el PP. Queda la duda de cómo habrán influido estos acontecimientos en otros sectores, en los que no salen a la calle. Pero podemos ganar. Si votamos, los echamos.
Eso nos satisface, aunque aún no podemos sentir alegría, como tampoco pudimos en la misma noche del 14 de marzo. Hay demasiado dolor en nuestra ciudad como para estar alegre ni con ganas de fiestas. Pero sabemos que estamos haciendo lo que debemos. Y, más importante aún, lo que queremos.
Volvemos a casa. Nos acostamos. Mañana será otro día.