La izquierda está desconcertada.
La sospecha generalizada que liga al Gobierno con los GAL, remate de un conjunto
de acontecimientos que han convulsionado la vida pública (entre los
que están los casos de utilización fraudulenta de fondos públicos)
ha generado un sentimiento de frustración y perplejidad tanto mayor
cuanto ha golpeado en el centro de lo que, tras el naufragio de las ilusiones
de cambio generadas en 1982, parecía su última trinchera diferencial:
la honestidad y el máximo respeto de la legalidad democrática.
Como tantas veces en la historia, no se ha tratado de un hecho nacional aislado:
la socialdemocracia italiana y francesa se han visto afectadas por análoga
devastación. De forma casi simultánea alguna de las viejas
formaciones comunistas se ha visto obligada a una redefinición política
o a cambiar de nombre, al evidenciarse la degradación que anidaba
en los países del Este.
Además, la ausencia de diálogo entre las dos grandes formaciones
de la izquierda contrasta con la fluidez de relaciones que ambas mantienen
con diferentes partidos conservadores.
Todo esto se ha traducido en un sentimiento de desorientación y de
apatía, de derrotismo, en suma, que parece dar por hecho el advenimiento
de la derecha. Ésta, mientras espera impacientemente que el poder
caiga en sus manos como fruta madura, se presenta como factor moralizante
y de regeneración futura, sin que, de entre la izquierda, nadie se
alce para recordar lo que ha sido de idénticos proyectos en Francia
e Italia: varios ministros de Balladur procesados por corrupción y
Berlusconi a punto de serlo.
Por eso, los firmantes de este manifiesto no nos resignamos:
- A contemplar de forma pasiva el regreso a un sistema de valores reaccionario
que cuestiona los elementos básicos del Estado del Bienestar.
- A creer que el proyecto de la derecha suponga una expectativa de regeneración
de la vida pública.
- A que se pueda invocar la 'razón de Estado' para vulnerar los
derechos y libertades recogidos en la Constitución.
- A dar por perdida la batalla de las elecciones autonómicas
y municipales, primero, y de las generales después, sin hacer antes
un esfuerzo de movilización de la voluntad ciudadana en pro de un
fortalecimiento de la democracia y de las ideas de solidaridad y de mayor
control de los poderes públicos.
- A no ofrecer una plataforma a quienes, desde posiciones democráticas,
estén dispuestos a luchar contra la corrupción.
- A soportar, en fin, como ciudadanos las consecuencias políticas
de los errores del gobierno.
Y requerimos de las formaciones políticas de la izquierda democrática:
- Que cese la hostilidad mutua entre las formaciones que se apoyan en
la izquierda social, renunciando a toda concepción exclusivista del
espacio político de la izquierda y reabriendo el diálogo ya
existente entre las bases sociales en que se apoyan.
- Que de forma inmediata saquen adelante proyectos de carácter
progresista en los que, desde sus posiciones actuales, podrían estar
de acuerdo, como sería la Ley de Huelga pactada con los sindicatos,
la reforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la
Ley de Parejas de hecho.
- Que se comprometan a formular un conjunto de medidas de aprobación
inmediata por el Parlamento para atajar de forma decidida todas las formas
de corrupción futura.
- Que promuevan de forma conjunta la investigación y depuración
de responsabilidades en todos los casos de vulneración de la legalidad
democrática , y en los casos de corrupción más importantes
que hayan surgido o pudieran surgir.
- Que, sin renunciar a sus identidades específicas, traten de
alcanzar un proyecto básico común de defensa y profundización
del Estado del Bienestar, de impulso de la concertación social, de
desarrollo democrático de la Constitución y regeneración
institucional que sirva como base de una acción de gobierno apoyada
en la mayoría de izquierda presente en el Congreso de los Diputados.
- Que, finalmente, y a corto plazo, establezcan un compromiso de apoyo
a la fuerza de izquierda más votada para la conformación de
gobiernos municipales y autonómicos tras las elecciones a realizar
en 1995, recuperando todo lo que de positivo tuvo la entente municipal de
la izquierda en 1979.
Febrero/Marzo de 1995:
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